• Gabriela Ortiz-Monasterio

Sanar al niño interior




COMO EDUCAR PARA LA PAZ

Recientemente se ha hecho viral una foto de una mujer que muestra un cartel en el metro que dice: “México no necesita un día sin mujeres, ni un día sin hombres. Sólo una sociedad con valores”. Lo del “día sin mujeres” me ha hecho reflexionar mucho para hacer conexiones acerca de las Raíces de la violencia.

Constantemente escucho la expresión de que se han perdido “los valores” y que lo que necesitamos para tener una sociedad en paz, es una sociedad con valores. Pero, ¿qué son los valores? ¿Valores como la honestidad, el respeto, la paciencia, la amabilidad, la no violencia o sea la paz, etc. etc.?

Siempre he pensado que los valores se enseñan con el poder del ejemplo, que no podemos enseñar algo que no practicamos, que no podemos decirle a un niño que no mienta, si ve que nosotros lo hacemos, o que respete a otros si nosotros no lo respetamos a él o ella, porque eso es una contradicción que sólo lo confundirá y ahí se pierde completamente el poder de educar con el ejemplo. Por la misma razón, ¿cómo podemos esperar que un niño aprecie la paz, si es educado con violencia?

Mucha gente dice que es necesario golpearlo para enseñarle a “respetar y obedecer.” Si le dieras una bofetada o una nalgada a un adulto, te meterían a la cárcel acusado de asalto. Pero en un niño se le llama eufemísticamente “disciplina”. ¿Por qué se le hace a un niño lo que en un adulto se consideraría asalto? ¿Para que “entienda”, para que aprenda a “respetar y obedecer” a puro golpe, insultos y otras vejaciones?

Si se le dice que la violencia no es buena, pero se le golpea a veces sin parar, con el pretexto de que es “por su propio bien, porque el adulto lo está educando”, el niño en realidad estará aprendiendo que la violencia sí es permitida, aunque se le diga que no es buena y que no se permite.

Si queremos tener una sociedad en paz, necesitamos educar para la paz. Golpear a un niño con el pretexto de que se le está educando para que se porte bien y obedezca, es una total contradicción, que sólo lo confunde porque está recibiendo un mensaje con palabras, pero uno muy diferente a través de los insultos y golpes.

Si recibe los insultos y golpes del padre, sentirá enojo, pero no puede defenderse contra un adulto que le triplica en altura. Si ve que el padre además insulta y golpea a la madre, aprenderá que golpear a una persona más débil es algo permitido y que se puede desahogar el enojo en una mujer. Pero si recibe insultos y golpes de la madre, también crecerá con enojo y con mucha desconfianza hacia la mujer. Esto es el caldo de cultivo perfecto para el adulto machista del futuro, pero también el de la futura madre que desahogará su enojo y su frustración sobre sus hijos, contribuyendo así, sin darse cuenta, a perpetuar el círculo vicioso de la violencia y del machismo.

El enojo legítimo ante el abuso, pero reprimido profundamente porque simplemente no puede defenderse y mucho menos expresarlo, es la raíz que genera adultos rotos por la violencia y muchos la repetirán siendo violentos y abusivos con otros. Ese enojo puede volcarse contra otros hombres y también contra las mujeres más adelante, sin entender que sigue siendo una expresión de ese viejo enojo reprimido del pasado, que, al no estar resuelto, seguirá explotando y expresándose a través de la violencia.

Pero el lugar más común para desahogar ese enojo no resuelto, es el niño, ya que no solo es el ser más indefenso de todos, sino también el que más le detona al adulto, el recuerdo inconsciente del niño que una vez fue y que quizás no pudo defenderse… y muy en el fondo, le detona el dolor de haber sido agredido y lastimado, a veces de maneras terribles, en vez de ser amado y respetado. Es importante entender que el abuso puede ser no solo físico, sino también emocional y desafortunadamente en muchos casos, hasta sexual que es el más extremo de todos y desgraciadamente mucho más común que lo que mucha gente cree.

Una característica común no solo de los hombres machistas sino también de las personas que terminan en la cárcel, es haber vivido y crecido en medio de la violencia en su familia de la infancia, recibiendo insultos y golpes del padre, pero con frecuencia también de la madre. Ser padres amorosos es todo un reto cuando se carga a cuestas ese dolor y enojo no resueltos. Pero se puede aprender y hacerlo de una manera más efectiva.

Regresando a la reflexión original, México no necesita solamente un día sin mujeres o sin hombres, necesita diariamente de hombres amorosos y mujeres amorosas, que enseñen valores con el poder de su ejemplo y eduquen para la paz amorosamente, poniendo los límites necesarios, pero sin violencia. Esto implica enseñarles a los niños a ser honestos siendo honestos con ellos, a ser respetuosos siendo respetuosos con ellos, a ser pacientes siendo pacientes con ellos, a ser amables siendo amables con ellos y con los demás y a ser pacíficos siendo pacíficos con ellos en lugar de violentarlos a golpes e insultos.

Quizás ya va siendo hora de educar con el ejemplo. Si queremos tener una sociedad en paz, necesitamos criar niños amorosos, en vez de niños doblegados por el maltrato que pueden convertirse en adultos heridos y enojados con el mundo. Siempre es más fácil prevenir, que lamentar y remediar.

© 2023 por NÓMADA EN EL CAMINO. Creado con Wix.com

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